Emerita Lvdica: cuando Mérida vuelve a ser Augusta Emerita

Hay momentos del año en los que resulta especialmente fácil explicar cómo era la antigua Augusta Emerita.

Durante una visita podemos hablar de legionarios, gladiadores, sacerdotes, comerciantes, esclavos o ciudadanos romanos. Podemos intentar imaginar cómo sonarían las calles, cómo vestirían aquellas personas o qué ocurría dentro del Anfiteatro.

Pero durante Emerita Lvdica sucede algo diferente.

Ya no tenemos que imaginarlo todo.

Mérida vuelve, durante unos días del mes de mayo, a vestirse de romana.

Y sus monumentos dejan de ser únicamente escenarios arqueológicos para recuperar algo de la vida para la que fueron construidos.

Cuando las piedras vuelven a tener gente

Quizá ésta sea la gran diferencia entre Emerita Lvdica y otras fiestas de recreación histórica.

Mérida no necesita construir un decorado romano.

Ya lo tiene.

Las tropas atraviesan el Puente Romano.

Los gladiadores vuelven al Anfiteatro.

Las cuadrigas regresan al Circo Romano.

En torno al Templo de Diana aparecen ceremonias religiosas, mercados, artesanos y escenas de la vida cotidiana.

Y todo ocurre en los mismos lugares donde, hace dos mil años, sucedieron cosas muy parecidas.

Ese detalle cambia completamente la experiencia.

Una cosa es ver a un legionario romano desfilando por una plaza moderna.

Y otra muy diferente verlo avanzar entre monumentos que ya estaban allí cuando las legiones formaban parte de la vida cotidiana de Augusta Emerita.

El Ayuntamiento define precisamente Emerita Lvdica como una oportunidad para convertirse no solamente en espectador, sino incluso en actor o figurante de aquella ciudad romana, utilizando como escenario los monumentos originales de Mérida.

No venga solamente a mirar

Hay algo que siempre recomiendo a quienes visitan Mérida durante esos días.

Si tienen oportunidad:

vístanse de romanos.

No hace falta convertirse en un senador de película ni aparecer vestido como Marco Antonio entrando triunfalmente en Roma.

Basta con participar.

Porque una de las cosas más interesantes de Emerita Lvdica es precisamente que la ciudad no contempla la fiesta desde fuera.

Los emeritenses participan en ella.

Las calles comienzan a llenarse de túnicas, legionarios, matronas, comerciantes, sacerdotes y niños vestidos como pequeños ciudadanos de Roma.

Y el visitante acaba formando parte del espectáculo casi sin darse cuenta.

Además existe una pequeña recompensa.

En las últimas ediciones, quienes han acudido correctamente ataviados de romano o romana han podido acceder gratuitamente a los monumentos gestionados durante Emerita Lvdica, de acuerdo con las condiciones establecidas por la organización cada año.

Por eso merece la pena consultar el programa oficial de cada edición antes de venir.

Pero, entrada aparte, existe una razón todavía mejor para vestirse.

Durante unas horas deja uno de sentirse turista.

Los legionarios han vuelto

Como guía, uno de los momentos que más disfruto durante Emerita Lvdica es el relacionado con las legiones romanas.

Normalmente, cuando explicamos el ejército romano, tenemos que recurrir a dibujos, fotografías, reproducciones o a nuestra propia capacidad para transmitir cómo funcionaba aquella formidable maquinaria militar.

Durante estos días podemos verlo delante de nosotros.

El escudo.

La espada.

La coraza.

La forma de marchar.

Los campamentos.

Las órdenes.

Los entrenamientos.

Y entonces muchas explicaciones empiezan a tener sentido.

Uno comprende mejor que Roma no construyó un imperio únicamente gracias a grandes generales.

Lo construyó también gracias a miles de hombres capaces de avanzar juntos, levantar un campamento al final de una jornada, desmontarlo al amanecer y volver a caminar.

Ver una formación de legionarios cruzando el Puente Romano de Mérida nos permite acercarnos, aunque solo sea durante unos minutos, a una imagen que los habitantes de Augusta Emerita debieron contemplar muchas veces.

Y después están los gladiadores

El Anfiteatro Romano de Mérida es otro de esos lugares que cambia completamente durante Emerita Lvdica.

Durante el resto del año podemos explicar dónde se sentaban los espectadores, cómo se organizaban los combates, dónde se encontraba la arena o qué significaba convertirse en gladiador.

Durante estos días aparecen nuevamente hombres armados frente a frente.

Y entonces resulta más fácil comprender que el gladiador no era simplemente un hombre que entraba en la arena dispuesto a morir.

Era un profesional del espectáculo.

Entrenaba.

Tenía una especialidad.

Podía alcanzar fama.

Podía tener seguidores.

Y también sabía perfectamente que un error podía costarle la vida.

Precisamente en el Anfiteatro de Mérida apareció una inscripción dedicada a una divinidad estrechamente relacionada con ese mundo:

Némesis.

Némesis, la diosa que esperaba junto a la arena

Siempre me ha parecido uno de esos pequeños detalles que permiten acercarnos al hombre que se escondía debajo del casco.

Antes de entrar en la arena, el gladiador podía encomendarse a los dioses.

Entre ellos estaba Némesis, vinculada al destino, la justicia y la fortuna de quienes participaban en los espectáculos del anfiteatro.

En Mérida conservamos testimonios arqueológicos de ese culto.

Y es interesante detenernos un momento a imaginar qué significaba.

Fuera esperaba el público.

Miles de personas.

Ruido.

Apuestas.

Expectación.

Pero antes de aparecer ante todos ellos habría un hombre esperando en algún lugar del edificio.

Con miedo, seguramente.

Concentrado.

Comprobando su arma.

Quizá pensando en el adversario que iba a encontrar al otro lado.

Y posiblemente pidiendo a Némesis que aquel día la fortuna estuviera de su parte.

Cuando contamos la historia de Roma tendemos a hablar de emperadores, conquistas y grandes edificios.

A mí me interesan también estos momentos.

El instante anterior a salir a la arena.

Una ciudad romana también comía, compraba y discutía

Emerita Lvdica no son solamente legionarios y gladiadores.

Y posiblemente ahí se encuentre buena parte de su atractivo.

Roma era también vida cotidiana.

Comer.

Comprar.

Trabajar.

Vestirse.

Ir al mercado.

Participar en ceremonias religiosas.

Educar a los hijos.

Cotillear con el vecino.

Durante la celebración podemos encontrar recreaciones de artesanía, escuelas, medicina, gastronomía, ritos religiosos, juegos, mercados y otras actividades que permiten aproximarnos a aspectos mucho más cotidianos de la sociedad romana. El programa cambia cada edición, pero esa búsqueda de una recreación rigurosa de la vida de Augusta Emerita constituye precisamente uno de los fundamentos del evento.

Y quizá sea ahí donde Roma comienza a parecernos menos extraña.

Porque dos mil años son muchos años.

Pero querer ganar dinero, enamorarse, divertirse, cuidar de los hijos, presumir de ropa nueva o discutir de política son cosas bastante más antiguas que nosotros.

Mérida tiene una ventaja que pocas ciudades pueden ofrecer

He visitado muchas recreaciones históricas.

Pero Mérida posee algo difícil de reproducir.

Aquí no necesitamos cerrar los ojos para imaginar dónde estaba el Circo.

Está delante de nosotros.

No necesitamos reconstruir un Anfiteatro.

Podemos entrar en él.

No necesitamos señalar dónde estaba el Templo de Diana.

Continúa levantándose en medio de la ciudad.

Por eso Emerita Lvdica tiene algo especial.

Durante unos días, el patrimonio deja de ser solamente aquello que contemplamos.

Vuelve a utilizarse para contar historias.

Y quienes conocemos estos monumentos durante todo el año comprobamos cómo cambian cuando reaparecen personas dentro de ellos.

El Circo necesita caballos.

El Anfiteatro necesita gladiadores.

El Templo necesita sacerdotes.

Las calles necesitan gente.

Las piedras, por sí solas, pueden explicarnos muchas cosas.

Pero cuando Mérida se viste de romana ocurre algo todavía mejor.

Por unos días dejan de parecernos ruinas.

Y volvemos a llamarlas Augusta Emerita.

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